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Conducir enojado mata o hiere a más de 12 mil personas por año

¿Es posible evitar los incidentes de ira al volante?¿qué debemos hacer?

Conducir enojado mata o hiere a más de 12 mil personas por año

Es cosa de todos los días ver a conductores agresivos en las calles. Gente que “serpentea” entre los demás autos, que maneja demasiado cerca de la defensa trasera de otros vehículos, que va a una velocidad claramente superior a los demás, que se pasa semáforos en alto. Esa forma de manejar es de por sí peligrosa y por ello esas conductas son ilegales, sin embargo, hay una consecuencia de este tipo de manejo que puede ser también muy peligrosa y que ha crecido en años recientes, especialmente desde que empezó la pandemia actual: el enojo que ese tipo de comportamiento produce en otros conductores, que los lleva a reaccionar de una manera violenta y producir víctimas, algunas fatales. En inglés el fenómeno se conoce como “road rage” y ha aumentado 500% en Estados Unidos entre 2006 y 2015, de acuerdo con cifras de la NHTSA, el organismo encargado de la seguridad en los autos y caminos en la Unión Americana. Y según WSB-TV, de Atlanta, a cada 18 horas alguien muere o es herido por recibir un disparo producido por la ira al volante de algún conductor. ¿Podemos hacer algo para evitarlo? Sí, podemos.

El asunto es tan serio como antiguo. Hollywood ya ha hecho películas al respecto como Un día de Furia, de 1993, protagonizada por Michael Douglas. En 2020 le tocó al actor neozelandés Russel Crowe interpretar el personaje principal en el filme Fuera de Control (Unhinged), en el que un conductor enojado porque una mujer le sonó el claxon de forma agresiva y no quiso disculparse, acaba matando a varias personas después del evento.

Las estadísticas son más fáciles de encontrar en países desarrollados que en América Latina, pero lo que podemos ver es que hay puntos en común sobre cuáles son las actitudes de los conductores que producen más enojo a los demás para que, al evitarlas, podamos disminuir el riesgo de un problema mayor como consecuencia. Lo poco que pude encontrar en la región viene de Argentina, donde la Asociación Civil Luchemos por la Vida, muestra en una encuesta que 9% de los entrevistados admite haberse involucrado en una pelea física como consecuencia de un desentendido en el tránsito.

Los motivos

En Estados Unidos, la AAA Fundación Seguridad en el Tránsito, dice que lo que más hace enojar a los demás conductores es que alguien conduzca demasiado cerca de su defensa trasera. Le siguen el que alguien les grite algo en tono de ofensa, que toque el claxon, que le hagan gestos como mostrar el dedo medio y que les “cierre” el paso al venir de otro carril.

La prisa es una de las mayores culpables del comportamiento agresivo al volante. La necesidad de llegar a una determinada hora hace que el conductor que no se tomó el tiempo necesario para salir, actúe como si los demás estuvieran en la calle con el propósito de hacer que él no logre su objetivo. Obviamente el consejo más efectivo que dan los expertos de la NHTSA es que salgan con antelación y eviten la prisa. Es tan simple y obvio, que resulta difícil entender que muchos, tal vez la mayoría, no lo haga. Pero no es todo.

Para no generar furia en los demás, la actitud correcta es mantener una distancia prudente hacia los demás autos, solo usar el claxon para emergencias y hacerlo de manera breve, usar las luces de dirección para que los demás sepan qué vamos a hacer y no se sorprendan con nuestros movimientos. Tampoco hay que usar la luz alta ni parpadearla en señal de molestia o reclamación.

Si por algún motivo no logramos evitar que alguien se enoje con nosotros, busquemos no responder de manera agresiva, no devolver gestos o palabras, evitar mirar directo a los ojos del agresor e intentar seguir nuestro camino con calma.

Sé que no es fácil. A veces es difícil incluso cuando no estamos conduciendo como pasó con el actor mexicano Pablo Lyle, que agredió a un conductor cubano que se había involucrado en una discusión con su cuñado - quien manejaba el auto- y al golpearlo provocó su muerte cuatro días más tarde. Hoy, Lyle está en prisión domiciliaria en Miami mientras llega el juicio de su caso. El hecho es que en casos como ese solo hay perdedores. Por eso la mejor pelea de tránsito, es la que logramos evitar. Y lo digo hasta para mí mismo